En algún momento de nuestra vida, todos/as hemos pasado por alguna fase de estancamiento. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos alcanzado un nivel de comodidad que nos engulle, como un colchón blando, en el que terminas hundiéndote si te descuidas. A pesar de que muchas veces la situación no es como desearíamos, nos acostumbramos a esa realidad, y hacemos de lo que no nos gusta,  nuestra zona de confort.

Llevándolo a lo metafórico, vivir estancado es como vivir en blanco y negro cuando sabes que existe color, pero de algún modo, ese blanco y negro tiñe tu día a día, te come, te atrapa. Tus días son muy similares los unos a los otros, tienes poca ilusión, todo es un poco monótono. ¿Te resulta familiar esto de lo que hablo? Aquí van 4 señales que te pueden ayudar a identificar si estás en una de esas fases:

1. Vives en el día de la marmota:

Tus días son como un bucle que se repite y en el que sientes desmotivación. Te levantas por la mañana y entras en una especie de piloto automático. Llevas a cabo tus tareas y obligaciones. Vas de acá para allá, normalmente con prisa porque no llegas a todo. La estructura de cada día llega a ser tan similar, que es como vivir en el día de la marmota. Como darle al replay y observar una escena muchas veces.

¡Agotador!

2. Hábitos compulsivos:

Así como quien no quiere la cosa, te das cuenta que  fumas más de lo que solías hacer, bebes alcohol con más frecuencia, tomas más dulces o comida poco saludable. En general, te das más “caprichos”. Compras más, te enganchas a ese videojuego por horas y horas, o tal vez, si ya eres oranizado/a y ordenado/a, le das una vuelta de tuerca a la limpieza de tu casa o tu agenda. Da igual,  llámalo x. El hábito en el que se refugia cada persona cuando atraviesa un periodo de estancamiento y desmotivación, es distinto. Digamos que se produce un aumento de actividades que hacen de colchón emocional. Aquellas emociones que no estas gestionando de manera consciente como la frustración, pena, estrés o desmotivación, termina volcándose  en hábitos compulsivos buscando un confort que a la larga, solo aumenta la sensación de vacío.

Leyendo estas líneas ¿conectas con algún hábito que realices cuando buscas evadirte?

3. Tener síntomas físicos recurrentes:

Aunque no terminan de ser cosas importantes, te encuentras mal físicamente con frecuencia: dolores de cabeza recurrentes, una contractura muscular que vuelve para agarrotarte el cuello y la espalda, resfriados que van y vienen. El cuerpo expresa en forma de síntoma aquella emoción con la que no hay contacto. La descodificación biológica es una disciplina que estudia el impacto de las emociones no expresadas en el cuerpo y cómo se traducen en síntomas físicos. Tener conocimiento sobre nuestros síntomas y la emoción reprimida con la que se asocian, nos permite entender que la enfermedad que sufrimos también nos habla de lo que no estamos expresando.

¿Cuánta atención le estás prestando a tus síntomas físicos?

4. Estás apático/a y tienes pocas ganas de reír

La risa  hace poco acto de presencia en tu día a día y si está, más que un carcajada sincera, en muchas ocasiones es una mueca que haces por educación cuando te relacionas con tus compañeros/as, amigos/as o familia. De hecho, vienes notando que a veces pones excusas para no quedar y estar a tu aire Racionalmente te convences que estás cansado/a y necesitas tiempo para tí, pero curiosamente, cuando ya estás en soledad, sientes pesadumbre, le das vueltas a la cabeza. Algo no parece estar del todo bien.

Y ante esto, ¿qué hago?

Rompe la rutina

La idea es aportar al día algo distinto, aunque sea con cosas pequeñas: cambia el itinerario para ir al trabajo, come algo diferente. Ve al cine un martes. Si tienes hijos u obligaciones que te dificulten hacer algo fuera de casa, busca alguna opción que te permita cambiar la rutina aunque sea no cocinar y pedir algo rico que compartir con tu familia.  Si estás mucho tiempo solo/a, haz algún plan que incluya a otra/s persona/s, si estás mucho tiempo con gente, toma una hora para ti. El caso es que el día tenga algo radicalmente distinto a lo que sueles hacer diariamente, aunque ese gesto, sea algo pequeño.

Hacer algo distinto cada día, tienen un gran impacto. Pruébalo.

Conecta con tu cuerpo y úsalo como brújula

Presta atención a tus síntomas físicos, especialmente si son recurrentes. Pregúntale a tu cuerpo ¿qué estás tratando de decirme que no estoy escuchando? Aunque parezca algo absurdo, no lo es en absoluto. Hemos sido educados para pasar por el filtro de la racionalidad absolutamente todo. Esto trae como consecuencia que rompemos nuestro contacto con la emoción. Si una parte de nosotros se descompensa, tiene impacto en el resto. Mi propuesta es utilizar tu cuerpo y los síntomas físicos para orientarte sobre el bienestar del resto del sistema y obtener información sobre lo que va mal.

Cuando te escuchas y atiendes, puedes sintonizar en la frecuencia emocional de tu día y preguntarte ¿Cómo me estoy sintiendo? ¿Ha habido algún conflicto en el que no supe reaccionar y ahora me siento enfadado/a o triste? ¿Dejé algo sin decir que ahora está atorado en mi garganta? ¿Estoy indeciso/a porque algo me ronda en la cabeza y no paro de darle vueltas? Si comienzas a hacer este ejercicio e incorporarlo a tu día a día, te sorprenderás de toda la información que puedes llegar a sacar. Tomar consciencia de tus emociones, es un paso IMPRESCINDIBLE para revertir la situación.

Introduce hábitos saludables

La idea es enfocarte en unos hábitos más saludables que te ayuden a sentirte en equilibrio, de modo que puedas reconducir la situación de estancamiento. Evitar o reducir significativamente aquello que estás haciendo para evadirte. No se trata de que te conviertas en un maestro/a zen, sino que dentro de la manera  que te gusta vivir la vida, potencies hábitos que te ayuden a sentirte bien contigo mismo/a y descartes otros que utilizas para “escaparte” de la situación. Una ruta por el campo después de días de trabajo intenso, contemplar un paisaje maravilloso, meditar 30 minutos o un baño relajante pueden hacer auténticas maravillas. Estos ejemplos son desde mi mapa mental, claro ¿Que ejemplos se te ocurren a tí para tu vida?

Busca aquello que te gusta y te hace reír y dedícale más de tiempo.

Cuando hay una situación de desmotivación y estancamiento se puede tender a entrar en modo hibernación. Esto trae como consecuencia dejar de hacer cosas que nos gustan y que disfrutamos. Hay que invertir esta secuencia y buscar activamente momentos del día en que podemos hacer algo que nos encanta y motiva. Para ello es necesario crear un hueco en la agenda para esa actividad específicamente. Si andas justo/a de tiempo, valora las prioridades que estás estableciendo en tu vida y el precio que pagas por no dedicar más tiempo a disfrutar..

Identifica y actúa

Una vez que pones estas tácticas en marcha, normalmente la situación comienza a reconducirse. Simplemente el hecho de poner consciencia en que algo no va bien y aumentar tu autocuidado, ya hace que nos sintamos mejor. Ahora viene la segunda parte con esta pregunta ¿dónde me siento estancado? ¿es mi trabajo que me aburre o en el que no me siento valorado/a? Tal vez esté relacionado en tu  vida personal. ¿Qué parcela es la que no estás atendiendo/priorizando y sientes que te afecta?

Cuando eres capaz de identificarlo, ya tienes un gran paso dado. Una solución no puede darse cuando no conoces lo que sucede. Este ejercicio, viene con una responsabilidad: si has identificado que algo no va bien e intuyes por donde puede estar el problema, no actuar significa que no te estás haciendo responsable de ti y lo que te sucede. No hacer nada, también es una decisión que estás tomando.

¿Y si a pesar de todo, me sigo sintiendo estancado?

Puede que no consigas identificar qué es exactamente lo que sucede o que a pesar de identificarlo, no sabes por donde comenzar. El hecho es que sigues sintiéndote estancado/a sin saber muy bien por donde tirar.  Ahí es cuando te digo, pide ayuda. Ignorar lo que sucede es como intentar aguantar una pelota bajo el agua, tarde o temprano, saldrá a flote y con más fuerza que antes.

Cuando realizo sesiones de coaching con mis clientes, siempre tengo presentes dos pilares que me parecen cruciales: .En primer lugar, es necesario que tome conciencia de cómo se encuentra, cuáles son  sus emociones y creencias. Cuáles son las decisiones que está tomando y las que no está tomado respecto a lo que le está sucediendo. Sin este trabajo previo,hay una alta probabilidad que el cliente “ponga parches” que le saquen del apuro momentáneo en lugar de establecer una base sólida sobre la que trabajar.  En segundo lugar, es imprescindible que el cliente contacte y conozca  su necesidad real y auténtica, que recuerde que es importante para él/ella como persona, como profesional. Desde ahí, podrá dibujar el camino hacia su meta y aquello que quiere cambiar. El conocimiento es poder. El autoconocimiento es la base para llegar a donde quieres estar.

Todas las personas tenemos los recursos necesarios para reconducir nuestra vida. A veces nos olvidamos de esto y necesitamos alguien que nos acompañe para recordarlo. Ese es gran parte del trabajo de un Coach. Ese es gran parte de mi trabajo.

Y tu ¿Estás dispuesto a tomar acción? Te espero.