No es casual que haya escogido este tema para comenzar este blog. El cambio suele tener mala prensa y en muchas ocasiones se recomienda sustituir la palabra “cambio” por otras como “evolución”. ¿Por qué nos da tanto miedo el cambio? Acomodados en nuestra zona de confort, todo es conocido, lo tenemos medido y sabemos que esperar. No hay sobresaltos. Quizá nos sintamos algo aburridos, pero conocemos el suelo que pisamos y a nuestra mente le gusta la certeza. Sin embargo, el cambio es curiosamente la única realidad permanente, puesto que nada es inmutable.

Cuando la incomodidad es demasiado grande y el dolor mucho mayor que el placer, nosotros mismos nos empujamos fuera de esa zona de confort en la búsqueda de algo nuevo, de sentirnos mejor. Cuando llegamos a esta situación, nos decidimos a cambiar de trabajo, dejar a nuestra pareja, cambiar nuestros hábitos alimenticios o comenzar a hacer deporte. Los cambios pueden ser sutiles o provocar una verdadera catarsis a nivel profesional y personal. Si además éste no es escogido sino impuesto, el impacto puede ser aún mayor.

El camino recorrido para conocer estas claves:

Mi experiencia personal y profesional ha estado marcada por cambios, diría que algunos han sido incluso drásticos. Muchos de ellos fueron elegidos y otros tantos sucedieron sin más, transformando lo que en aquel momento era mi realidad. Con el paso del tiempo y conforme aumentaba mi pericia como surfista en el oleaje del cambio, me fui dando cuenta que siempre había elementos comunes. Tener estos elementos en cuenta, me ayudaba a gestionar de un modo más eficiente lo que estaba aconteciendo, tanto si yo había decidido dar el paso, como si algo había sucedido sin desearlo. Estas son, en mi experiencia, algunas claves que ayudan a la gestión eficiente del cambio:

1º Permítete despedirte de la situación tal cual era:

Muchas veces corremos en la nueva dirección en nuestro intento por asirnos de nuevo a tierra firme lo antes posible, cuando en realidad, lo que hacemos es estar volviendo la cabeza atrás pensando en lo que hemos perdido/dejado y comparándolo con el abismo de no saber lo que viene ahora. Darnos la oportunidad de soltar lo que fue, incluso si nosotros mismos hemos provocado que la situación cambie, es importante para cerrar una etapa antes de comenzar la siguiente. Hacer este duelo es darnos a nosotros mismos la oportunidad de cuidar de nuestras emociones a la vez que estamos recalculando la nueva ruta. Sentir ansiedad e incertidumbre ante lo que viene no solo es bueno sino adaptativo, tu cuerpo y tu mente se están preparando para un nuevo reto, una nueva realidad. Dale su espacio para que haga su función y te ayude en el proceso.

2º Tu tienes el mando, incluso cuando el cambio no lo has decidido tú.

¿Cómo es esto posible? ¿Tenemos el mando cuando nos despiden, nos abandonan o de repente, nos enfermamos? Si, sé que puede resultar impactante esto que digo, y aun así, suscribo mis palabras. El mando siempre es tuyo porque solo tú decides cómo te va a afectar este cambio y cómo vas a gestionarlo. Una cosa es lo que sucede y otra el significado que tú le das. Por ejemplo, si decides que este despido es una tragedia y te va a hundir, te hundirá. Si decides sin embargo, que es la puerta que trae nuevas posibilidades a tu vida, así será. Llevando esto a mi historia personal, soy capaz de ser rotunda en esta afirmación porque hasta en pérdidas irreparables e irreversibles como fue la muerte de mi madre hace pocos años, comprobé que era yo quien decidía si su partida me iba a servir de excusa para convertirme en una víctima de la situación y de la vida, o por el contrario, me convertiría en una guerrera que iba a honrar su recuerdo reconstruyendo mi realidad y saliendo adelante. Solo cuando tomas responsabilidad respecto a como te sientes con lo que te sucede, incluso cuando no ha sido deseado, puedes avanzar realmente.

3º Decide hacia dónde quieres ir y para qué:

Tan sencillo y evidente, y sin embargo nos olvidamos de hacernos estas preguntas. Valora el esfuerzo que vas a invertir en este cambio que estás atravesando, pregúntate para qué lo realizas y a dónde quieres llegar. Ten claro que valores son importantes para ti, de modo que estés seguro/a que la decisión que has tomado, los  respeta y los honra. Esto te mantendrá siempre bien orientado en tu travesía, aun cuando haya cambios de ritmo o en el caso de que tengas que recalcular la ruta por algún motivo.

4º Haz tu plan de ruta por etapas.

¿Has visto alguna vez uno de esos mapas en el comienzo de un sendero? Es un plano con información útil sobre el camino que estás a punto de comenzar: se incluyen los kilómetros del recorrido, si el territorio es más o menos escarpado, las áreas de descanso que encontrarás, etc. Encontrarnos ante una nueva realidad es tener delante de nosotros un folio en blanco. Investiga y planifica los recursos que vas a necesitar, el tiempo que tendrás que invertir y en general, reúne  toda la información necesaria para llevar tu mochila bien preparada. Si conoces a alguien que ha vivido un cambio similar y que avanza con éxito, puedes utilizarlo de referente o incluso preguntarle cómo lo hace, de modo que su experiencia pueda ayudarte a construir tu propio camino.

5º Celebra los logros que vayas consiguiendo.

Ponerse en marcha es en sí mismo un logro, al igual que responsabilizarse y tomar acción. Cada paso que damos en la dirección a nuestro propósito, hacia aquello que queremos alcanzar, es una pequeña-gran victoria. Poner consciencia en ello, permite disfrutar y saborear lo que vamos consiguiendo en cada etapa. Esta es, en mi opinión, una maravillosa manera de construir un álbum de recuerdos de todo este camino que nos acompañará siempre. Además, aprender a disfrutar de la travesía tiene un bono extra: te demuestras a ti mismo/a que el cambio no tiene por qué ser algo negativo y que puedes surcar las olas. Una vez asentada esta creencia, cada vez es más sencillo cambiar aquello que ya no te hace feliz o simplemente, ha dejado de aportarte valor.

Camino de transformación, hace referencia a este proceso del que hablo en este post y que todos recorremos constantemente a lo largo de nuestra vida. Como decía al inicio, lo único que nunca cambia, es el propio cambio. Aceptar y comprender esta paradoja es clave para transformar nuestras vidas, convirtiéndonos en los líderes que marcan nuestro propio recorrido.