Convertirte en madre es iniciar un viaje de transformación a todos los niveles. Recuerdo que cuando supe que estaba embarazada, sentí una gran emoción y prácticamente al mismo tiempo, incertidumbre sobre todo lo que vendría después. El embarazo supone una gran cantidad de cambios, desde los más evidentes como son los cambios físicos, a otros a los que no siempre se les concede el espacio necesario para poder ser vividos con naturalidad.En este artículo comparto una visión intimista y personal de lo que esta experiencia fue para mí así cómo mi manera de enfocar el trabajo de Coaching  en esta etapa.

Dar a luz a mi hijo, fue la experiencia más maravillosa, impactante y aterradora al mismo tiempo que jamás he vivido. Tras muchas horas de contracciones y espera, finalmente vino al mundo a través de una cesárea. Recuerdo estar atada a la cama del quirófano, sin poder moverme, con mis brazos sujetos y escucharlo llorar a pleno pulmón mientras yo misma sollozaba inmersa en un mar de emociones intensísimas. Lo acercaron a mí y sus enormes ojos se clavaron en los míos. Dejó de llorar en ese mismo momento. Fue tan increíble y único, que nada de lo que escriba podría llegar a reflejar lo grandioso que fue ese momento.

Una vez que tienes al bebé contigo, se inicia un nuevo camino. Ya lo tienes entre tus brazos, alimentándose de ti si así lo escoges, viviendo pegado a ti en cualquier caso. Está fuera de ti, pero sigue siendo parte de ti.

Para muchas mujeres entre las que me incluyo, ahí mismo se inicia una de las primeras dificultades: la lactancia materna. Existen mujeres que tienen claro que desean amamantar a sus hijxs, mujeres que no desean hacerlo. Mujeres que dan el pecho un tiempo y deciden dejarlo, mujeres que dan el pecho tanto tiempo como ellas y su bebé desean. Hay tantas experiencias como mujeres y muchas de esas historias están teñidas de dificultad: las noches interminables dando el pecho, sin dormir, llorando de agotamiento puro, las complicaciones que a veces se producen como grietas o mastitis que lo hacen doloroso, mujeres que dan el biberón rotas por dentro porque quieren dar el pecho y no pueden, mujeres que no quieren dar el pecho y tiene que enfrentarse con el rechazo social de no querer amamantar o ser cuestionadas por ello. Mujeres que dan el pecho a demanda y son cuestionadas por no separase del bebé o amamantar en público.

Podría continuar y nunca cubriría todas las casuísticas

A esto se añade el posparto, que dista mucho de ser esos famosos cuarenta días. La mayoría de nosotras experimentamos un posparto mucho más largo, una recuperación que en muchos casos es lenta, donde poco a poco vas reencontrándote con tu cuerpo, que ahora es distinto.

No solo tu cuerpo es diferente, también muchos de los deseos, de los miedos, toman una nueva dimensión. Tu faceta profesional queda relegada, como mínimo, durante un tiempo. Para algunas mujeres esto es más fácil de llevar, para otras, como ésta que os escribe, supone una gran dificultad.De algún modo, la visión que tienes de ti y del mundo cambia, muta, al menos en algunos aspectos. Y a eso, también hay que acostumbrarse.

En ocasiones cuando he intentado sacar a la luz la parte más compleja del embarazo, el posparto y la maternidad, me he encontrado con cuestiones como, “pero bueno, ¿es que todo es malo?” No, por supuesto que no. Hay sentimientos increíblemente maravillosos vinculados con ser madre y otros que simplemente no son tan fáciles de sobrellevar, tanto si se quiere hablar de ello, como si no. Siento la responsabilidad como mujer, madre y Coach profesional de traer al primer plano la parte de dificultad, hablar del juicio que muchas de nosotras hemos tenido que soportar por hacerlo de una manera u otra, hablar del derecho que tenemos a no saber qué estamos haciendo exactamente mientras aprendemos a ser madres, más aun siendo primerizas, nuestro derecho a tomarnos un tiempo para encontrarnos en nuestra nueva piel y habitarla del modo que mejor nos haga sentir con nosotras mismas. Esto es imprescindible para nuestro bienestar y el de nuestros hijxs.

Somos las mejores madres que ellxs podrían tener. Concedámonos el derecho a serlo a nuestra manera.

Todo lo que acabo de contar, es la razón principal por la que una de las líneas de mi trabajo como Coach, es el acompañamiento en embarazo y posparto.

Hasta que me convertí en madre, no me di cuenta de lo mucho que una disciplina como el Coaching puede hacer por nosotras en un momento tan crucial de nuestra vida. En mi enfoque personal, se trata de reconectar con nuestro saber interno para poder movernos desde ahí, construyendo una nueva realidad basada en aquello que para nosotras es importante, conocer cuáles son nuestras prioridades, nuestras fortalezas, nuestros miedos y decidir, cómo queremos ir recorriendo ese camino. Subir el volumen de nuestro deseo y necesidad,  mientras bajamos el volumen del condicionamiento externo y la opinión de la sociedad en la que vivimos. Dejar florecer a la madre que llevas dentro, aquella que puedes y quieres ser. Disfrutar de tu vida y de tu bebé, vivir la experiencia lo más genuinamente posible.