Te voy a pedir que conectes con algún momento de tu vida en que te has propuesto conseguir algo. Le has dado muchas vueltas y has llegado a la conclusión que realmente es lo que quieres. Sabes lo que tienes que hacer para conseguirlo. Creas el plan, anotas las tareas por hacer, todo está definido y planificado. Y entonces… empiezas a posponerlo sin fin. No sabes por qué, pero siempre hay algo más importante que hacer. Cada vez que te pones a ello, parece que te falte el aire y enseguida encuentras una excusa para priorizar otra actividad más importante. Del todo a la nada. Es el péndulo de la autoexigencia y la pereza.

Me he decidido a escribir sobre esto, en primer lugar, porque me gusta comunicar a través de mi propia experiencia y en segundo, porque he observado que muchas de las personas con las que he trabajado en Sesiones de Coaching, han atravesado en algún punto por este proceso.

¿Cómo funciona el péndulo de la autoexigencia y la pereza?

Imagínate un péndulo que se mueve de un extremo a otro. Imagina que el movimiento cada vez es más amplio, más violento. En un extremo está la autoexigencia que muestra con rigidez ese plan a través del cual tienes que conseguir una meta, en el otro, la pereza. Cuando has alcanzado el punto más alto de exigencia, el péndulo se mueve violentamente hacia el otro extremo y de un plan perfectamente elaborado, pasas a no hacer nada al respecto. El péndulo está ahora en el otro extremo, la pereza.

El polo de la autoexigencia

Cuando llegas a este extremo del péndulo, comienza a aparecer una sensación de agobio. No estás satisfecho/a, y hay una necesidad de huir de algo que no te gusta a pesar de que inicialmente, tú mismo/a decidiste que querías conseguirlo. Te encuentras buscando excusas de modo que te liberes de la tarea y al mismo tiempo, puedas mantener intacta la imagen que tienes de ti mismo/a.

Cuando te has ido a este extremo, normalmente es porque te has asignado muchas tareas o bien son muy rígidas y tienen un tiempo reducido para ser completadas. Como consecuencia, te sientes muy presionado/a. Conforme pasan los días y no lo consigues, aumenta la sensación de confusión y frustración. No entiendes lo que te pasa.

El polo de la pereza

Al no poder con la presión y sentir mucha resistencia ante lo que inicialmente te planteaste, lo dejas completamente de lado, pasando al extremo de la pereza. Te das explicaciones a ti mismo/a  para convencerte que en realidad no era tan importante para tí o que no lo quieres tanto como pensabas. Sin embargo, en lugar de sentirte aliviado /a, te sientes culpable y hay una sensación de frustración y fracaso. Cuando esta secuencia se presenta, son señales de que te puedes estar moviendo en los extremos del péndulo de la exigencia y la pereza.

¿Cómo gestionarlo?

Es necesario conocer cuál es la motivación real que hay detrás de tu meta. Para qué lo quieres conseguir. Te propongo que te hagas una serie de preguntas:

  • ¿Cómo de importante es para ti lo que estás haciendo?
  • ¿Cuánto de lo que haces tiene que ver con cubrir una exigencia externa?
  • ¿Cómo de representados están tus valores e intereses en esta decisión?
  • El objetivo que te has marcado ¿cuánto alimenta la imagen que el mundo crees que tiene de ti?

Si vas en contra de tu propia naturaleza, por mucho que hagas planes maravillosos, es muy probable que tu resistencia te asalte a modo de autosabotaje

Si has llegado a la conclusión que lo que quieres conseguir te conecta con algo realmente importante para ti y para tu vida, plantéate lo siguiente:

  • ¿Cómo es el plan que has trazado?  Es necesario valorar si es demasiado exigente ya sea en número de tareas, tiempo para realizarlas o si has tenido en cuenta otros factores relevantes para su ejecución.
  • El camino que traces tiene que estar adaptado a ti, a tu vida y a la energía que estás dispuesto a invertir en este momento.

Es necesario que exista tiempo para la diversión y disfrute. Si lo que te has marcado lo vives con agobio y excesiva presión, esta es una bandera roja que hay que atender. Si no lo haces, es muy probable que estas emociones se hagan más fuertes y acabes saboteando tu propio plan.

Conocer cómo funciona este péndulo en tí, te ayuda a jugar con ventaja y conocerte. Poner conciencia, te permitirá desarrollar las herramientas que necesitas para gestionar la velocidad del péndulo y hacia donde se mueve.