Hace un tiempo escribí un post sobre maternidad y posparto y cómo el Coaching puede ayudar a mujeres que están atravesando por ese periodo en sus vidas. Pasado un tiempo me doy cuenta que aquellas líneas fueron una introducción muy breve y que no profundizaron en la parte más difícil del posparto. Quizá porque mi trabajo se centra en la gestión de cambios personales y profesionales no solo de mujeres sino también de hombres o quizá porque socialmente aún se silencia la parte menos bonita de la maternidad, no ahondé con mi artículo.

Ante las muchas sincronicidades relativas al posparto que me han asaltado últimamente y tras meditar sobre ello, hoy vengo decidida y armada de valor para rebuscar en mi propio proceso personal cuando atravesé esta etapa, con la intención de aportar mi experiencia, mi aprendizaje y compartir un mensaje que me parece importante.

Dar visibilidad a esta parte de ser madre, en la que, por pudor, dificultad o presión social no se profundiza, se ha convertido en una causa personal.

Mis inicios en la experiencia del embarazo y posparto

Al inicio de mi embarazo, recibí mucha información desde la primera consulta: cosas que debía tener en cuenta, una programación de revisiones para las sucesivas semanas y meses, un listado sobre todo lo que no podía comer, ¡era larga! Me dieron una carpeta llena de folletos y datos sobre el cuidado de la embarazada. Todo, desde el punto de vista físico. De los cambios emocionales que estaba a punto de comenzar a sentir, no había rastro. Luego comprobé que esta tendencia a hablar mucho del aspecto físico y muy poco o nada de la gestión emocional, se mantuvo durante el resto de embarazo y posparto.

Cuando quedaban pocas semanas para la llegada de mi hijo, comencé mis clases de preparación al parto. Se hizo hincapié en aquello que se considera normal y lo que no en el parto y días previos, para que pudiéramos monitorizar nuestro cuerpo y decidir si lo que estaba sucediendo entraba dentro de lo esperado. De esta forma, podríamos decidir cuándo acudir al hospital o pedir ayuda al reconocer los síntomas.

En la clase sobre posparto, se explicó en qué consistía el puerperio, así como los cuidados físicos y precauciones a tener en cuenta. De la parte emocional, solo se mencionó que es un periodo de adaptación y que es mejor tener algo de intimidad con tu pareja y evitar el exceso de visitas. ¡Un periodo de adaptación! Que eufemismo.

El posparto, especialmente cuando eres primeriza, es un tsunami emocional al que hay que unir los cambios físicos brutales por los que atraviesa tu cuerpo, la abrumadora responsabilidad de cuidar de un bebé y la lactancia, que tanto si es exclusiva, mixta o se decide por recurrir al biberón, es de por sí compleja y hay que aprender a manejarse con ella.

El choque contra la dura realidad de que no todo era maravilloso

Cuando ya llevaba varias semanas siendo mamá primeriza, me di cuenta que muchas veces sentía ansiedad por no saber si lo estaba haciendo bien o mal, que las complicaciones de la lactancia me dejaban agotada y que a veces todo parecía tan abrumador que me superaba. El mensaje constante que recibía del exterior,  era que debía estar contenta al tener un bebé sano y precioso, era tiempo de disfrutarlo y dar gracias por encontrarme bien.

Y yo pensaba, ¡a veces siento que no puedo! ¿Qué es lo que me pasa? ¿No tengo material de madre? ¿Por qué no estoy tan contenta como todo el mundo me dice que debo estar? Ante estas dudas y mientras me seguía sintiendo mal, acudí al médico. Le expliqué a mi doctora lo que me pasaba, las lágrimas, la debilidad, la sensación de culpabilidad e inadecuación que me invadía por no estar súper feliz como parecía ser que se esperaba. Le pregunté ¿Será depresión posparto? A lo que ella, con total seguridad y sin explicar nada más, respondió que no, puesto que en las depresiones posparto las madres llegan a tener cuadros psicóticos. “Tú estás bien”, me dijo. Y así, cerró la conversación.

Conozco a esta doctora y sé que es una mujer que se preocupa por el paciente, que normalmente está atenta a lo que te pasa, que si tiene dudas pide pruebas complementarias hasta quedar convencida que lo ha cubierto todo. En esta ocasión, sin embargo, no preguntó ni profundizó sobre mis síntomas. Tampoco me explicó que trastornos, que los hay,  pueden darse desde el punto de vista emocional y mental en el posparto. Me marche a casa diciéndome, “tienes que estar bien”. Pero lo cierto es, que no lo estaba.

Reconectar con el instinto y la autoconfianza, el camino de sanación.

Cuando estuve más fuerte físicamente, comencé a bajar el volumen de los mensajes que recibía de fuera y a subir el mío propio, comencé a confiar en mi instinto de nuevo tras ser mamá y llegué a la conclusión que debía investigar más profundamente por mi cuenta sobre lo que sucede en el posparto desde un punto de vista psicológico y no puramente físico, con la esperanza de entender qué me estaba sucediendo.

Hablaba con otras mujeres, amigas, conocidas y también desconocidas. Casi todas recordaban su posparto como un periodo difícil en el que habían sentido aislamiento, incomprensión, dificultad para lidiar con el cansancio extremo y un bombardeo continuo sobre lo que tenían que hacer y cómo se debían sentir. Algunas de ellas lo contaban como algo que pudieron sobrellevar, otras, como un periodo que les costó mucho superar y que siguen recordando con amargura.

Así que investigué y me encontré con información que no escuché en ningún momento antes de dar a luz. No hubo una explicación sobre los cambios emocionales del posparto y lo que puede suponer para muchas de nosotras.

Entonces, ¿Cómo podemos saber desde un punto de vista psicológico lo que puede suceder en el posparto? ¿Cuándo comienza a ser lo suficientemente preocupante lo que sentimos  para buscar atención especializada o acudir al médico? Estas preguntas cada vez tomaban más fuerza en mi cabeza. Francamente, no comprendo cómo esto no está incluido en las clases de preparación ni en la información general que se entrega a las embarazadas a punto de dar a luz.

¿Qué trastornos afectivos pueden aparecer en el posparto?

No es, ni mucho menos el objetivo de este artículo hacer una exposición profunda sobre los trastornos afectivos que pueden aparecer durante el posparto. Sin embargo sí creo importante mencionarlos y enumerar algunas de sus características principales:

Blues posparto

Se suele iniciar a los cuatro días del parto y se considera un trastorno leve que puede afectar, según los datos que he consultado, a un porcentaje elevado de las mujeres que acaban de dar a luz, Puede tener una duración entre 6 y 10 días y aparecer acompañado de llanto, animo triste o ligeramente eufórico, irritabilidad, dolores de cabeza y alteraciones del sueño, entre otros.

Depresión posparto

Se inicia entre las primeras 4 a 6 semanas posparto y puede tener una duración variable (con un periodo mínimo de dos semanas). Los síntomas son más marcados que en el caso anterior, encontrándose algunos como tristeza, trastornos del sueño y apetito, ideas de culpa, minusvalía o muerte, agitación o enlentecimiento psicomotores. Son síntomas que pueden estar presentes en el día a día y a diario, por lo que ocasionan malestar y disfunción. Según la intensidad de los síntomas y duración, la depresión posparto puede ser leve, moderada o grave.

Psicosis posparto

Se presenta en las primeras 4 semanas posparto y puede ser de duración variable. Los síntomas son muy graves, como ideas delirantes, alucinaciones, pensamiento desorganizado, comportamiento bizarro. La prevalencia de este trastorno, es afortunadamente, muy baja.

¿Todos los pospartos son iguales o en todos aparece algún tipo de trastorno?

Por supuesto que no. Cada posparto es diferente porque cada una de nosotras también lo somos y no todas atravesamos trastornos afectivos como los descritos arriba.

Sí es cierto que en muchos casos se produce una sintomatología a la que se debe prestar atención para poder acompañar a la mujer que lo atraviesa, de forma que se sienta escuchada, apoyada y que ella misma comprenda lo que le está sucediendo. Es crucial que exista información sobre el posparto y su gestión emocional durante el embarazo y clases de preparación al parto. Así, al igual que podemos reconocer los síntomas físicos, también tendremos información desde el punto de vista psicológico y pedir ayuda cuando sea necesario. Es igualmente importante, extender este mensaje a nuestras parejas, familiares y personas cercanas, para que sepan cómo actuar y dejen de lado aquellos mensajes que pueden hacer aún más difícil este tránsito.

El aprendizaje de mi experiencia

Cuando visité a mi doctora, me habló de psicosis posparto, confundiendo este trastorno muy poco frecuente y de síntomas muy graves, con la depresión posparto, que es un  trastorno relativamente frecuente y que tiene un rango de síntomas amplio y diverso, tanto en intensidad como duración y que hay que valorar en cada mujer. Presentó la realidad de una forma polarizada, o estas bien o tienes síntomas muy graves, dejándose un extensísimo campo de color gris por el que muchas mujeres atravesamos, sin explicar ni mencionar.

Este falta de información trae como consecuencia que muchas mujeres no comprendan lo que les sucede y ante la presión social por estar bien y felices, terminen luchado contra esos sentimientos de tristeza, inadecuación o culpabilidad en silencio. Lo que más necesita una mujer en ese momento, es ser escuchada sin juicio, permitir la expresión de sus sentimientos y validarla, de modo que pueda potenciar su percepción de auto competencia mientras va recuperando la seguridad en sí misma y se va adaptando a su nueva vida como madre.

Compartir lo aprendido y acompañar a otras mujeres

Desde que comencé a ser más vocal sobre este tema, me di cuenta que otras mujeres, amigas, familiares, conocidas, se animaban a contarme la parte dolorosa de su experiencia en posparto, y curiosamente, muchas de ellas me decían que no habían hablado tan abiertamente de esto antes. Lo que me sucedió a mí, le sucede a muchas otras mujeres. Hay una falta de conocimiento sobre la dificultad emocional de un posparto y poca preparación para su gestión, por lo que hay una tendencia a callar y soportar la imposición de mostrarnos felices cuando lo que necesitamos es validación para expresar lo que nos duele.

Exceptuando los casos graves que requieran una atención médica especializada y que deben ser tratados aparte debido a su complejidad, considero fundamental buscar un acompañamiento emocional durante el embarazo y el posparto. Es necesario promover la expresión emocional en su totalidad, sin limitar la parte más compleja o menos bonita de la maternidad. Si no te encuentras bien, pide ayuda, actúa. Es lo mejor para ti y para tu bebé.

Mensaje para el mundo: El posparto es duro, no nos pidáis estar siempre felices porque acabamos de parir. Necesitamos poder expresar nuestra inseguridad y dolor si lo hay.

El posparto es un master vital sobre gestión de cambios contundentes. Normalizar la dificultad que supone atravesar este proceso es un acto de liberación, de amor hacia nosotras mismas y nuestros hijos/as. Saber cuidarnos nos hace estar más preparadas para poder cuidarlos a ellos /as.

Te agradezco que te hayas quedado conmigo, leyéndome. Por favor, comparte este artículo para que este mensaje llegue a más personas: el cuidado emocional en el posparto es igual de importante que el físico. Conocer las vicisitudes que pueden presentarse y hablar de ellas con normalidad, nos hace estar preparadas para reaccionar. Además, ayudamos a romper la idea de que todo es sencillo y maravilloso en la maternidad. El posparto es un cambio importante y como tal, hay que reconocer el impacto emocional y psicológico que puede tener en la madre.